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Exposición Fotografica de AKIRA MATSUI “ALPACA -Viviendo junto a los pueblos andinos”

Exposición Fotografica de AKIRA MATSUI “ALPACA -Viviendo junto a los pueblos andinos” en TOKIO, JAPON

Concepto de la Exposición


En las llanuras elevadas al pie de la cordillera de los Andes en Sudamérica, las alpacas viven en un territorio extenso y ancestral. Durante miles de años, han compartido esta tierra con las personas.
Las alpacas y las llamas no son solamente animales útiles por su lana o como animales de carga; para los pueblos andinos, también son considerados parte de la familia y desempeñan un papel espiritual importante, conectando a los seres humanos con lo divino.

En esta exposición, las alpacas no se presentan simplemente como ganado. Han sido fotografiadas como seres que han vivido junto a las personas dentro de un mismo paisaje cultural.
A través de altiplanos azotados por el viento, escenas de pastoreo y la mirada de una alpaca dentro de su rebaño, esta serie de imágenes revela la naturaleza severa pero generosa de los Andes y la vida cotidiana modelada en ella. Desde estos fragmentos emerge la verdadera presencia de las alpacas.

Detalles de la Exposición

“ALPACA — Viviendo con el Pueblo de los Andes” por Akira Matsui
Fechas
17 de abril (viernes) – 23 de abril (jueves), 2026

Horario de apertura
Días de semana: 10:30–19:00
Fines de semana: 11:00–17:00
El último día cierre a las 14:00

Lugar y Acceso
FUJIFILM PHOTO SALON GINZA (Fuji Photo Gallery Ginza)
Success Ginza First Building 4F, 1-2-4 Ginza, Chuo-ku, Tokio 104-0061, Japón
TEL: +81-3-3538-9822

Sitio web de la galería
https://www.prolab-create.jp/gallery/ginza/

Charla en la Galería

El artista estará presente en la galería durante todo el periodo de la exposición.
En las siguientes fechas, Akira Matsui ofrecerá charlas en la galería, compartiendo sus ideas sobre las obras expuestas.

Fechas
18 de abril (sábado), 19 de abril (domingo) y 22 de abril (miércoles)
Dos sesiones cada día

Horario
11:30–12:00
14:30–15:00

Durante estas charlas, el artista hablará sobre la ecología de las alpacas, así como sobre los paisajes y la vida de los pueblos indígenas que conviven con ellas en los Andes.

Libro de Fotografía “ALPACA”


Para acompañar esta exposición, se ha publicado un nuevo libro de fotografía titulado ALPACA.
Aunque comparte el mismo tema que la exposición, el libro está editado desde una perspectiva distinta, reuniendo fotografías de alpacas, de las personas que viven con ellas y de los vastos paisajes montañosos de los Andes. El libro ofrece otra forma de experimentar este proyecto, más allá del espacio de la galería.

★Para más información, visite el siguiente enlace→

Lugar y Acceso

FUJIFILM PHOTO SALON GINZA (Fuji Photo Gallery Ginza)
Success Ginza First Building 4F
1-2-4 Ginza, Chuo-ku, Tokio 104-0061, Japón
TEL: +81-3-3538-9822
FAX: +81-3-3567-0039

Estaciones más cercanas
• Estación Kyobashi (Línea Ginza del Metro de Tokio), Salida 3 — a 1 minuto a pie
• Estación Ginza-itchome (Línea Yurakucho del Metro de Tokio), Salida 7 — a 1 minuto a pie
• Estación Yurakucho (Líneas JR), Salida Kyobashi — a 5 minutos a pie

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AKira Matsui Photography

*Akira Matsui Photography/ https://akiramatsui.jp/

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Historias relacionadas

Los orígenes de la alpaca | 6.000 años de coexistencia en las tierras altas andinas


El nombre “alpaca” es ampliamente conocido, pero ¿de dónde vienen y cómo llegaron a vivir junto a los seres humanos?

Las alpacas pertenecen a la familia de los camélidos. Sus antepasados nacieron en América del Norte.

Hace aproximadamente tres millones de años, cuando el Istmo de Panamá se formó y conectó América del Norte con América del Sur, algunos migraron hacia el sur. En la cordillera de los Andes se adaptaron a los entornos de gran altitud y evolucionaron hacia especies silvestres como la vicuña y el guanaco. Mientras tanto, otro linaje cruzó hacia Eurasia a través del puente terrestre de Bering durante la Edad de Hielo, dando origen finalmente a los camellos actuales.

Los seres humanos llegaron a Sudamérica hace aproximadamente 14.000 años. Algunos de estos pueblos tempranos se establecieron en las tierras altas de los Andes. Fueron los antepasados de las actuales comunidades quechuas y aymaras. En su proceso de adaptación a la vida en altura, domesticaron camélidos silvestres entre hace 4.000 y 6.000 años.


*Vicuña — antepasado de la alpaca

Las alpacas, descendientes principalmente de la vicuña, fueron desarrolladas mediante largos procesos de selección. Adaptadas a las extremas variaciones de temperatura de las tierras altas, su fibra posee una capacidad aislante excepcional, lo que la hizo ideal para la confección de vestimenta en climas severos.

Las llamas, otro camélido, se cree que descienden del guanaco de regiones montañosas más bajas y fueron domesticadas en un período similar. Su fortaleza las convirtió en animales indispensables para el transporte de cargas, sosteniendo el comercio a través del accidentado territorio andino.

A lo largo de miles de años, tanto alpacas como llamas se integraron profundamente en la vida cultural y espiritual de las sociedades andinas. Cada parte de ellas —carne, piel e incluso el estiércol— cumplía funciones esenciales en la vida cotidiana. También desempeñaron un papel sagrado, actuando como mediadoras entre los seres humanos y lo divino. Tan centrales eran en la cosmovisión andina que se reconocía la figura de una llama en la Vía Láctea, situándolas en el corazón de su comprensión del universo.

Nunca fueron simplemente ganado. Fueron familia, compañeras en el centro mismo de la vida cotidiana.


*Hace 30 años en la Cordillera Real — Llamas y el monte Illampu

Conocí por primera vez a las alpacas y llamas hace unos treinta años. Estaba acampando a media altura del monte Illampu, en la Cordillera Real de Bolivia, cuando las vi de pie en las laderas cubiertas de pasto. En ese instante sentí profundamente que estaba en los Andes.

Por encima del límite del bosque, durante la estación seca de septiembre, las nubes se acumulaban por la tarde y la luz se mezclaba con la neblina en un paisaje cambiante y casi onírico. Allí, mirando a lo lejos, estaban las alpacas y llamas. De vez en cuando aparecían mujeres con vestimenta tradicional, guiándolas suavemente por las laderas.

Es un paisaje que probablemente ha permanecido casi inalterado durante miles de años —una escena andina que perdura. Hace treinta años, y todavía hoy, ese ritmo continúa.

Quizá estemos contemplando un paisaje que ha trascendido seis milenios. Solo cabe esperar que las tradiciones pastoriles de alpacas y llamas —arraigadas en un patrimonio cultural vivo y milenario— continúen en el futuro.

¿Ha observado con atención la boca de una alpaca?


Detrás de su suave pelaje, la alpaca a veces levanta los labios y deja ver sus dientes tan particulares.
Las alpacas, al igual que otros camélidos, son animales rumiantes. Por eso su manera de comer es algo singular, y esa expresión tan entrañable nace del movimiento lento y rítmico de su masticación.
Cuando pastan, primero eligen los tallos que crecen muy cerca del suelo y los cortan con cuidado. Sus labios, que se mueven casi como dedos, seleccionan con precisión las partes más tiernas. Luego, la hierba que han tragado vuelve a la boca y es masticada nuevamente con un movimiento suave y lateral.

Si se observa con detenimiento, se nota que no tienen incisivos superiores. Solo los incisivos inferiores se proyectan hacia adelante, mientras que en el maxilar superior hay una superficie dura, similar a una encía, llamada almohadilla dental (dental pad). Esta característica es compartida con la llama, otro animal doméstico de los Andes. Con los incisivos inferiores y la almohadilla dental, sujetan la hierba y cortan únicamente la parte que sobresale del suelo.
En el altiplano andino, a unos 4.000 metros de altitud, crece principalmente el ichu, una gramínea dura de alta montaña. Las precipitaciones son escasas y la diferencia de temperatura entre el día y la noche es considerable. En este entorno, la regeneración de la vegetación no es rápida.

Si se arrancaran las plantas desde la raíz, habría que esperar mucho tiempo para que volvieran a brotar. La dentadura de la alpaca ha evolucionado para cortar la hierba sin arrancarla. No es solo un mecanismo para alimentarse, sino también una forma de preservar la frágil vegetación del altiplano.
Detrás de esa expresión tan simpática se esconde una larga historia de adaptación y convivencia con una naturaleza exigente. Los dientes de la alpaca son prueba de una vida moldeada por el entorno del altiplano andino.

Altiplano — El altiplano andino donde conviven alpacas y personas


La extensa meseta que se extiende por la parte central de la cordillera de los Andes en Sudamérica se conoce como el Altiplano (Altiplano andino). Se distribuye principalmente entre el oeste de Bolivia y el sur del Perú, y alcanza altitudes aproximadas de 3.500 a 5.000 metros sobre el nivel del mar, lo que la convierte en una de las mesetas de gran altitud más extensas del mundo.

“Altiplano” significa literalmente “llanura alta”. Como su nombre indica, se trata de una vasta superficie relativamente plana, rodeada por las montañas andinas, cuya línea del horizonte se prolonga hasta donde alcanza la vista, conformando una estructura geográfica singular.

A unos 4.000 metros de altitud, la concentración de oxígeno desciende hasta aproximadamente el 60 % de la que existe al nivel del mar. Durante el día, la región está expuesta a una intensa radiación ultravioleta, y por la noche las temperaturas descienden con frecuencia por debajo del punto de congelación. El clima es seco y ventoso a lo largo de todo el año, lo que hace que la agricultura sea extremadamente difícil. Por ello, la cantidad de especies capaces de habitar este entorno es limitada.

Sin embargo, es precisamente esta severidad la que ha dado forma al ecosistema particular del Altiplano. Llanuras interminables, humedales y salares definen el paisaje. Solo aquellas plantas y animales capaces de adaptarse a estas condiciones extremas han logrado sobrevivir. En un entorno con poca competencia, estas especies resilientes han alcanzado una estabilidad que les ha permitido prosperar.

Los camélidos sudamericanos —alpacas, llamas y vicuñas— están altamente adaptados a la vida en gran altitud. Su denso pelaje fibroso las protege del frío, y su eficiente sistema circulatorio les permite funcionar en condiciones de baja concentración de oxígeno.

En contraste con su apariencia suave, son animales extraordinariamente resistentes. Gracias a estas adaptaciones físicas han logrado sobrevivir y prosperar durante siglos en el Altiplano.

No obstante, el Altiplano también alberga depredadores como el puma y el zorro. Para sobrevivir bajo esta presión constante, las alpacas y llamas han encontrado una forma de vida junto al ser humano.

Por la noche descansan dentro de corrales seguros. Durante el día, los pastores mantienen a los animales agrupados y los vigilan con la ayuda de perros guardianes. Vivir junto al ser humano no es simplemente domesticación; forma parte de su estrategia de supervivencia.

Dentro de la vasta extensión del Altiplano, las alpacas y llamas encuentran condiciones más favorables al pie de montañas que conservan glaciares. El agua proveniente del deshielo nutre las tierras circundantes y favorece el crecimiento de pastos ricos en nutrientes.

No pueden habitar cualquier parte de esta meseta semiárida. La presencia de las montañas es inseparable de las condiciones que sostienen su vida.

Los pueblos indígenas aymaras y quechuas, que han vivido durante siglos junto a alpacas y llamas, están vinculados a la tradición cultural que más tarde daría origen al Imperio incaico. Mucho antes del surgimiento del Imperio inca, las montañas ya eran veneradas como entidades sagradas, comparables al sol. Las montañas traían agua, alimentaban los pastizales y sostenían la vida.

Las alpacas y llamas actuaban como mediadoras entre la montaña y el ser humano. No eran simplemente animales domésticos, sino seres que conectaban la naturaleza y la sociedad. Esta cosmovisión, aunque simbólica, refleja con precisión la estructura real de la vida andina.

Montaña, ser humano y alpaca. Cuando tomamos conciencia de esta relación triple, el paisaje andino deja de ser un simple espacio geográfico y se revela como un ámbito vivo donde cultura y vida se entrelazan.

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